miércoles, 26 de diciembre de 2007

La Sangre

Antes que se conociera el código genético de nuestra especie, y fuera posible imaginar la remota posibilidad de explicar lógicamente, la aparición simultánea, en un mismo lugar geográfico y en el seno de una misma familia, de algunos fenómenos humanos, verdaderos “monstruos de naturaleza”, como Gumersindo y Aparicio Saravia (en cuanto a caudillos , cuya convocatoria y azañas aún asombran a mas de un siglo); pero también de “Chiquito” y José y Mariano. Antes de eso – digo – era algo sabido y aceptado (por lo menos aquí, en aquel entonces) que cuando se daba una camada de diez Saravias, era inevitable que salieran, (números mas o menos) seis normales, un loco, un asesino y un genio. Si la camada era mas chica, puede que hubiera menos normales, o que no apareciera el “genio”, pero el loco y el asesino casi siempre estaban presentes; a veces juntos en un mismo individuo.

Este último puede ser el caso de los hijos de Cicerio Saravia y Francisca Rodríguez, que entre 1892 y 1907, tuvieron seis hijos. A saber: Timoteo, Pilar, César, Cesáreo, Justino y (…). Pilar, Justino, Cesáreo y (;;;) – con ciertas salvedades – pueden ser considerados normales. César tenía algo de genio y no poco de loco. Pero Timoteo, el mayor, era aún mas loco, y, sobre todo asesino.

En el caso de “Chico” Saravia y Pulpicia Da Rosa, fueron trece hijos, nueve varones y cuatro mujeres. (A la muerte de Pulpicia, Don Chico, habría de procrear seis mas con Servanda Ramírez). Puede decirse que las cuatro mujeres, mas Camilo, Pancho, Basilicio y Timoteo eran normales; Gumersindo y Aparicio, genios (en cuanto estrategas y conductores de hombres : caudillos); Chiquito, loco; José, asesino ; y Mariano, asesino y loco.

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