miércoles, 26 de diciembre de 2007

La Sangre III

Si la sangre poderosa (o la cruza de dos sangres poderosas) no resulta suficiente para explicar la irrupción desmesurada de dos colosos de la talla de Gumersindo y Aparicio Saravia, en estos pagos, hace ciento cincuenta años. Una explosión que como el primer trueno de una tormenta brusca y portentosa, que de inicio asombra, asusta y desparrama, y – a medida que se aleja y amaina – va dejando, como recuerdo, unos truenos lejanos, retumbantes, que sólo hacen temblar en la medida que recuerdan al primero. (Tal, el caso de Chiquito, Mariano, José y Basilicio)
Si no alcanza lo genético - digo - la sangre que corre por las venas, para explicarlo; quizá pueda hacerlo la tierra. Las serranías de arisca belleza, de hosca generosidad, de hospitalidad pinchuda. La sierra de talas, coronillas y ñapindaes que araña antes de abrigar, que raspa antes de acurrucar, y , como el ragazo de un erizo, lastima antes de amamantar. O el suelo de innegable feracidad, tan cierta como escondida al lego. Quizá sólo perceptible al fino olfato y a la vista de águila de Don Chico Saravia, cruza de viadero, ovejero y pastor. Que supo ver invernadas donde los demás sólo habían visto carqueja y barba de chivo.
O mas probablemente en la roca que sustenta el subsuelo, de un raro magnetismo, donde rebotan y convergen quizá, las órbitas y los azimuces de los astros que desde el cielo infinito, tejen y destejen nuestro sino. O los “perados” de la superficie.
No de otra forma, podría explicarse además la atracción o el hechizo que tuvo y tiene para hombres cercanos o destinados al poder. ¿Cómo explicar sino que, además de los nombrados (Gumersindo, Aparicio, Chiquito, etc .) que nacieron y se criaron allí ( en “La Chilca”, en la barra del “Sánchez” y “La Ternera”), poco mas arriba y al Norte, en la estancia “La Ternera”, viviera y reinara José Saravia , que desde principios de siglo y hasta el crimen famoso, fue el hombre de confianza del Partido Colorado en esta región (y fundamentalmente de Batlle).? ¿Y que a la misma estancia concurriera de joven, Julio María Sanguinetti (por razones familiares o lo que fuere) mas tarde llamado a ser presidente de la República por dos veces? ¿ Y que ahora viva allí, o sea su dueño, un ex Ministro del Interior y candidato presidencial del Partido Nacional como Juan Andrés Ramírez?

Mariano: la venganza del asesino.

Mariano Saravia Da Rosa (1868 - ?).

Apenas gateaba cuando sus hermanos mayores , Gumersindo y Aparicio, hacían sus primeras armas en las “Revolución de las Lanzas” de 1870, que condujo el caudillo blanco Timoteo Aparicio. Pero ni bien le apuntó el bozo, se apersonó a Don Chico, para pedirle que lo “habilitara” con algunas libras para hacerse “un lugar en la vida”. Su padre, amarrete empedernido, le salió con un puñado de libras que le rebotaron en la cara, tras la reacción altiva de Mariano : “pa que se compre velas”. Y se fue a lo de otro hermano mayor – Antonio Floricio (“Chiquito”) – que ya vivía en Cañada Brava.
En 1878, cuando Mariano tenía diez años , Doña Ciriaca Olivera, bautizó un varoncito que llamó Antonio Mariano. El padrino era Mariano Saravia y la madrina Amelia Saravia y aunque el libro parroquial no lo dice, el padre era Antonio Floricio (“Chiquito”) Saravia, que luego tendría ocho hijos mas con Ciriaca (entre ellos, Regina, abuela del ex presidente Sanguinetti , y Raymunda, bisabuela de mis hijos). Chiquito, pues, puso a su primogénito su propio nombre (Antonio) y el de su hermano ,y desde entonces compadre, (Mariano). Ambos - Mariano “Viejo” y Antonio Mariano – cargaron en Arbolito, junto a Antonio Floricio (Chiquito), en marzo del 97, cuando lo mataron. Chiquito tenía entonces 43 años, Mariano Viejo, 29 y Antonio Mariano apenas 19.

Mariano comandó la legendaria División 11. La historiografía y la tradición oral, dicen que esta División estaba formada por indios y negros “de la frontera”, desarrapados y degolladores. Después de Masoller y tras el desbande, Mariano quemó el parque (o parte de él) en una zona cercana a “La Ternera” y se “perdió Brasil adentro”, jurando no volver ni muerto. Desoyendo esa promesa (y exponiéndose a la consiguiente maldición) sus descendientes blancos y colorados, casi cien años después, lograron repatriar sus restos y enterrarlos en el cementerio de Santa Clara. Terminaron a las trompadas y a los tiros.

No es difícil imaginar las carcajadas de Mariano desde el mismísimo infierno. Sus huesos están aquí, pero sería arriesgado decir que “descansan”.

Recuerdo de Timoteo


Timoteo Saravia Rodríguez (1892 – 1919).

Siendo casi un niño, libró de la picadura de un tábano a un negro que era agregado en la estancia de Cicerio, su padre. El tábano estaba en el tobillo del negro y el negro quedó desgarretado, porque Timoteo mató al tábano de un certero tiro con su “44”.
Con sólo 17 años, asesinó a sangre fría al escribano Buchelli en Sta Clara, a causa de un certificado que el profesional no le quiso expedir por ser menor.
Ya hombrecito, dejó embarazada a una prima - Mercedes Saravia - y en un baile de la Sociedad 25 de Mayo, hizo alarde de ello. Enterada de esto, Atliana Sillvera - la madre de Mercedes, reunió a sus otros hijos varones :"Si Timote no se casa con mi hija, quiero atar el ombligo de mi nieto con las tripas de su padre"." Los hermanos de Mercedes – Carolino, Terencio y Martirena – juraron matarlo y sortearon entre ellos el privilegio de cumplir el juramento, con pastos de distinta longitud. A Carolino le tocó el pasto mas largo y mató a Timote a tiros en Aceguá.
Era el 12 de diciembre de 1919. Mala fecha para conservar tripas.
Lo único que no se pudrió de Timote fue el dedo meñique de su mano izquierdo.
Pocos meses antes de morir y sabiéndose inexorablemente condenado, puso aquel dedo sobre el yugo de una carreta , se lo cortó limpiamente y se lo obsequió a su madre : “Ud. no me va a ver mas, Mama. Guarde esto de recuerdo”. Y Doña Francisca lo guardó en un frasco con formol. En el cementerio de Sta. Clara, atrás del mausoleo de Aparicio, está el de Cicereo, que preside un ángel mutilado. Entre las urnas de mármol que se exhiben inpúdicamnte allí ,con retratos borroneados por el tiempo, están – una al lado de la otra -la de Timote a la que le falta un dedo y la de Francisca a la que le sobra uno.

La Sangre II

Todos los hijos de Don Chico (salvo José que no tuvo descendencia) fueron igualmente prolíficos, y en ellos puede confirmarse o refutarse la teoría que refiero mas arriba.

Pero reputo mas interesante aludir a la cruza de sangres, como potenciadora de las características que señalábamos. Hablo de la sangre de los Da Rosa y de los Saravia. La primera menos famosa que la segunda, por la circunstancia (fortuita) de que tanto Gumersindo como Aparicio se firmaron con el apellido paterno. Don Chico solía decir socarronamente : “aquellos de mis hijos que son valientes, salen a la madre ; si alguno sale inteligente, capaz que “tire” al padre…”

Mas debe haber algo, en esa mezcla de sangres tan especial. De hecho, no sólo se cruzaron en el caso del matrimonio Don Chico – Pulpicia : Basilicio (Saravia Da Rosa) se casó con su prima Elvira Da Rosa (con la que tuvo 19 hijos). Una de las hijas de Basilicio habría de casarse a su vez con un primo, hijo de Aparicio. Aquí la cruza es doble (verdadera consanguinidad), pero no tenemos noticia de que esa unión surgieran locos, genios o asesinos. En cambio en otro caso de casamiento entre primos – el de Juana , hija de Chiquito y Aparicito (hijo de Aparicio, que tenía una pierna ortopédica porque le habían amputado la suya tras una herida en la guerra de 1904), sus hijos fueron totalmente normales (Rosita, entre ellos). El que en cambio cabe imputar como asesino es al propio Aparicito: quemó dentro de un rancho a toda una familia de negros en Tacuarembó, donde vivía. Purgó mas de veinte años de cárcel y murió de viejo en Montevideo.
Más adelante en el tiempo, una Saravia , pero de otra rama (nieta de Cicério, hija de Justino), se casó con un Da Rosa (Julio, nieto de Cristino que era hermano de Pulpicia). Tuvieron dos hijos, y hasta ahora, ni entre estos, ni entre lo hijos de estos ha surgido algún loco o algún asesino (no me animaría a decir que no hay un genio…).

La Sangre

Antes que se conociera el código genético de nuestra especie, y fuera posible imaginar la remota posibilidad de explicar lógicamente, la aparición simultánea, en un mismo lugar geográfico y en el seno de una misma familia, de algunos fenómenos humanos, verdaderos “monstruos de naturaleza”, como Gumersindo y Aparicio Saravia (en cuanto a caudillos , cuya convocatoria y azañas aún asombran a mas de un siglo); pero también de “Chiquito” y José y Mariano. Antes de eso – digo – era algo sabido y aceptado (por lo menos aquí, en aquel entonces) que cuando se daba una camada de diez Saravias, era inevitable que salieran, (números mas o menos) seis normales, un loco, un asesino y un genio. Si la camada era mas chica, puede que hubiera menos normales, o que no apareciera el “genio”, pero el loco y el asesino casi siempre estaban presentes; a veces juntos en un mismo individuo.

Este último puede ser el caso de los hijos de Cicerio Saravia y Francisca Rodríguez, que entre 1892 y 1907, tuvieron seis hijos. A saber: Timoteo, Pilar, César, Cesáreo, Justino y (…). Pilar, Justino, Cesáreo y (;;;) – con ciertas salvedades – pueden ser considerados normales. César tenía algo de genio y no poco de loco. Pero Timoteo, el mayor, era aún mas loco, y, sobre todo asesino.

En el caso de “Chico” Saravia y Pulpicia Da Rosa, fueron trece hijos, nueve varones y cuatro mujeres. (A la muerte de Pulpicia, Don Chico, habría de procrear seis mas con Servanda Ramírez). Puede decirse que las cuatro mujeres, mas Camilo, Pancho, Basilicio y Timoteo eran normales; Gumersindo y Aparicio, genios (en cuanto estrategas y conductores de hombres : caudillos); Chiquito, loco; José, asesino ; y Mariano, asesino y loco.

Lo Causal y lo casual

Que en el seno de una humilde familia rural de origen riograndense, en la década de 1850, en el noreste del Uruguay, naciera un hombre como Gumersindo Saravia, que protagonizaría una de las mas sangrientas revoluciones de esta zona del continente, y que por su rara habilidad de guerrillero a la jineta, sería llamado el “Napoleón de las Pampas”; puede ser considerado un tanto insólito, pero no mucho mas que lo que sucediera con otros caudillos latinoamericanos, como es el caso de Artigas, Ramírez, Rivera o Estanislao López. Pero si en el mismo lugar, hijo de los mismos padres, y con diferencia de no mas de cuatro años, nace otro hombre como Aparicio Saravia, que de este lado de la frontera, llevaría a cabo una azaña muy parecida a la de su hermano; uno ya tiene derecho a pensar que, en el caso, sucede algo digno de investigarse.
Como además, por si esto fuera poco, en el mismo lugar, por las mismas fechas y del mismo origen, nace José Saravia : llamado a protagonizar el mas célebre crimen de la primera mitad del siglo XX en nuestro país (el llamado “Crimen de la Ternera”). Y de igual suerte, nacen Antonio Floricio “Chiquito”, muerto en combate antes que su hermano Aparicio y símbolo máximo del coraje guerrero en este país; y Mariano – compañero de arma de los anteriores – pero más célebre como degollador que como revolucionario; uno no tiene mas remedio que reconocer que, cualquiera sea la explicación, en el caso hay algo absolutamente excepcional e inexplicable.
No hay mas que tres caminos o direcciones, hacia los cuales dirigirse para explicar tan insólito fenómeno.

El primero es el genético: algo tendrían aquellos progenitores (Don “Chico” Saraiva y Pulpicia Da Rosa) en sus cromosomas; o tal vez fuera la cruza (el “crosing over” que diera lugar a un especial “vigor hibrido”) de ambas sangres.
El segundo es el geográfico : un factor extraño y casual, presente en la tierra, el pasto, o las piedras de aquel rincón entre los arroyos “Sánchez” y “La Ternera”, donde vieron la luz, mamaron y gatearon aquellos colosos.
El tercero, y mas probable, es la conjunción de los dos anteriores, mas una buena dosis de azar.

Los Hijos

De los trece hijos que tuvieron : hay tres héroes regionales, guerrilleros a la antigua y muertos en combate (Gumersindo, Aparicio y Chiquito).
Con la historia de los dos primeros se puede llenar fácilmente una biblioteca (o dos : una en Rio Grande do Sul, la otra en el Uruguay). Estos tres eran blancos al igual que Pancho, Mariano, Camilo y Timoteo; Basilicio y José, colorados.
La parte épica (y política) de la historia de los hijos de Don Chico, pertenece claramente al siglo XIX (la muerte de Aparicio, que finaliza la revolución del 1904, es definitivamente decimonónica), aunque cubre, más que como paradigma como contraste, buena parte del siglo XX. En cuanto a la “otra historia”, el Saravia mas notorio de la primera mitad del siglo pasado, fue José : por protagonizar el crimen mas famoso de aquel tiempo : el crimen de “La Ternera”, justamente.

Campo Fértil

Si en 1850 hubiera existido “Google Earth”, y Don Francisco “Chico” Saravia hubiera podido mirar desde el cielo (como podemos hoy nosotros), los campos que caen desde la Cuchilla Grande, entre las puntas del Cordobés y el Avestruz Grande, hacia las cuencas del Río Negro y el Olimar, difícilmente se hubiera volcado a poblar en el rincón que forman el arroyo “La Ternera” con el “Sánchez”. Como lo hizo, cuando levantó los primeros ranchos de lo que fue la estancia de “La Chilca”, donde nacieron, gatearon y dieron sus primeros pasos, Gumersindo, Basilicio, “Chiquito”, Aparicio y José.

Difícilmente lo hubiera hecho, porque desde el espacio es imposible percibir la incomparable fertilidad de los campos de “La Ternera”, que fue lo que cautivó a Don Chico. Y lo convenció de poblar allí y no en otro lado.

Son campos para ver de la altura del caballo. Y a su andar, que es la marcha a la que se pueden conocer las cosas, si de conocerlas a fondo se trata. Porque desde un avión o con los mapas aéreos se pueden ver los meandros de la “Ternera” y el “Sánchez”, las serranías que los circundan y uno puede imaginar la sombra y las aguadas en verano y el abrigo protector en invierno. Pero nunca podrá imaginar los trebales verde oscuros entre las reboladas de talas, carobas, molles y coronillas; el “vicio” de la babosa en las laderas profundas ; la alverjilla de los bajos y el pasto miel enmaciegado en las cuchillas.

Tierras Feraces, Hombres Ferales

A ciento cincuenta años de que Don Francisco “Chico” Saravia llegara a “La Ternera” (actual 8ª de T. y Tres, estribaciones de la Cuchilla Grande), sus descendientes directos, siguen comprobando asombrados, la fertilidad de aquellos campos de sierra y probando buenas cruzas de razas vacunas para mejor aprovechar tan buen pasto, tanta sombra y abrigo, tantas buenas aguadas.
Aquel riograndense , mas taimado que tacaño, emprendedor y ocurrente, se llevó a la tumba el secreto invalorable de distinguir campos buenos de campos ruines. Porque durante cuarenta años, supo juntar* no menos de 30.000 hectáreas, y es fama que no hay un metro que no sea buen campo : lamparones de invernada que parecen pura piedra, rodeados de otros que parecen buenos y apenas sirven para criar chivos. Claro que no es por aquel raro arte que la historia lo recuerda, sino por ser el padre de Gumersindo y de Aparicio (entre otros).
Lo de las cruzas de sangres ya es otro cantar, porque nadie en su sano juicio podría sostener que cuando don Chico decidió mezclar la suya con la de Doña Pulpicia (Da Rosa), se proponía lograr el resultado tan descomunal como disímil que logró.
Nos hace acordar al cuento aquel del miliquito de frontera que dio el “alto” a un contrabandista de frontera que siguió de largo. Cuando por intimidarlo le tiró de atrás y a la carrocería, y vio y escuchó la explosión del coheterío, sólo atinó a mirar el arma que tenía en la mano: qué me han dado, una bazooca, se preguntó. Otro tanto se habrá preguntado Don Chico, contemplando”su armamento”, cuando al cabo de los años comprobó la clase de hombres que había procreado.
Uno tiene la tentación de imaginarlo al llegar a “La Ternera” (más allá de lo que dice la historiogafía: de que vino una o dos veces, de que vino solo o ya casado). ¿A pie?. ¿En mula? ¿En carruaje? Prefiero imaginarlo jinete en un tobiano, con una mano atrás y otra adelante ( y en la primera un mazo de barajas).

¿ Y porqué vino a aquí, a “La Ternera” mas específicamente? Porque Saravias no era algo que faltara en esta zona y por aquellos años, justamente. Lo cierto es que a partir de 1853 se dedican con Doña Pulpicia a la “cría intensiva” de gurises. El primero, Gumersindo en 1853, el último Timoteo en 1871.